Autora: Delia Saleno, Dra. Veterinaria.

El día 25 de noviembre se celebra el día contra la violencia de género y es una oportunidad para mostrar la sensibilidad de los veterinarios con los problemas que todavía afectan a nuestra sociedad. En algunos de ellos, aunque en principio no lo parezca, podemos tener una implicación directa y desempeñar un papel importante en su erradicación. Así ocurre con la violencia de género, que es parte del problema general de la violencia. Violencia, que como ya sabemos, se ejerce tristemente contra los animales que conviven con nosotros. Por esta razón hemos considerado conveniente publicar el fragmento de un informe para documentar este problema.

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Existen estadísticas muy significativas

El 65-71 % de las mujeres maltratadas declaran que su pareja había amenazado, causado daño o matado a su animal doméstico. El 75% de estos actos sucedieron en presencia de la mujer para intimidar y controlarla. Los maltratadores que lesionan a mujeres y que también maltratan a los animales domésticos son más peligrosos, más controladores y varían más sus formas de violencia (Ascione, Weber & Wood, 1997).
El 60 % de los casos de familias con maltrato infantil reportó también maltrato animal, al igual que en el 88 % de las familias investigadas por maltrato físico a menores (DeViney, Dickert &Lockwood, 1983).

Un 92 % de los trabajadores de los servicios sociales descubren negligencia en el cuidado de los animales que conviven con personas que no eran capaces de valerse por sí mismos. El 75 % percibió que la preocupación de los ancianos por el bienestar de sus mascotas afecta en la decisión de aceptar o no intervenciones u otros servicios (HSUS, 2003).

El veterinario puede actuar como primera línea de detección del maltrato

En ausencia de hijos u otros seres queridos, las mascotas pueden representar el compañero más importante para los ancianos que están aislados y la pérdida del animal en un traslado a una vivienda social o a una residencia geriátrica puede ser muy traumática. Los familiares que son maltratadores pueden intimidar a los mayores, tomar represalias contra ellos o controlar sus bienes amenazándoles con quitarles a sus animales (Arkow, 2007).

La consulta del veterinario es, en muchas ocasiones, el lugar donde algunas personas se sinceran y de esta forma sale a la luz que los animales pagan con su dolor la incapacidad de algunos individuos para respetar, en todos los aspectos, a las personas con quien conviven. El papel del veterinario en estas situaciones es muy complicado, tanto del punto de vista emocional, como legal. El profesional se ve atrapado entre el sufrimiento del animal, los sentimientos de desesperación y desamparo de la víctima de la agresión y la indefensión legal, que en la mayoría de los casos deja impune el hecho.

Denunciar el maltrato por parte del veterinario con el vacío legal existente es prácticamente imposible porque hay un gran riesgo inmediato para la integridad y la vida, tanto del animal como también de los miembros indefensos de la familia. La legislación actual no contempla un protocolo y tampoco una actuación inmediata de las autoridades en caso de denuncia por parte de un veterinario para perseguir y condenar este maltrato oculto.

Propuesta de medidas preventivas

La elaboración de un protocolo de actuación, el endurecimiento de las penas de maltrato animal y la formación de los veterinarios en la detección del maltrato, relacionado o no con la violencia doméstica, serían unas excelentes medidas preventivas de protección tanto para los animales como también para las personas indefensas. Los centros veterinarios pueden representar un pilar muy importante en su detección temprana.

Este texto se ha extraído de un informe realizado por CEVE (Confederacion Empresarial Veterinaria Española) y presentado en diferentes foros del ámbito político para establecer las relaciones entre el bienestar animal y el bienestar de las personas. La doctora Delia Saleno es Presidenta de CEVE y agradecemos que nos haya permitido su publicación.